martes, 8 de agosto de 2017

En la mira médico que engendró bebé con ADN de 3 padres en Estados Unidos


Un médico cuya clínica de fertilidad de Nueva York ofrece un tratamiento para engendrar bebés con ADN de tres personas y evitar ciertas enfermedades genéticas está en el punto de mira del Gobierno estadounidense.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) advirtió en una carta al doctor John Zhang que debe dejar de promocionar este tratamiento, que crea embriones modificados genéticamente, porque la técnica que utiliza no está regulada en el país, según recoge CNN.

Zhang y su equipo de la clínica de fertilidad New Hope fueron noticia el año pasado por lograr que naciera el primer bebé del mundo con ADN de tres padres, fruto de un controvertido método de reproducción asistida que permite a progenitores con mutaciones genéticas raras concebir hijos sanos.

En el caso de ese bebé, el método utilizó el ADN del padre, de la madre y de una donante para evitar que la madre transmitiera al bebé los genes del llamado síndrome de Leigh, un desorden mortal que afecta al sistema nervioso en desarrollo.

Debido a que las autoridades estadounidenses no han aprobado legalmente este método, el equipo médico de Zhang viajó a México para realizarlo, ya que allí no está sujeto a regulación, y tras el nacimiento del bebé sano, los especialistas divulgaron sus hallazgos.

La FDA explicó a Zhang que el tratamiento, que utiliza tecnología de sustitución mitocondrial, está prohibido por el Congreso porque crea un embrión modificado genéticamente y enfatizó que la clínica lo promociona como una manera de librarse de enfermedades mortales.

En este sentido, recriminó al médico que, a pesar de haberse comprometido a no utilizar la técnica en EEUU hasta que la FDA no apruebe su investigación o sus pruebas clínicas, continúa "comercializando" el método para tratar la infertilidad.

En la carta, las autoridades se remiten a un artículo divulgado por el equipo de la clínica en el que explican que el embrión se había creado en el país pero se había implantado fuera de sus fronteras.
Por este motivo, emplazó al especialista a comunicar qué pasos tomará para "abordar la violación" de las normas y "evitar su repetición"; aunque no indicó si, de no hacerlo, se enfrentará a alguna sanción.


La ‘mamitis’ del bebé es sana

No hay estudios que hablen de los males de los niños sobre acariciados. Sin embargo, si existen (y muchos) los que demuestran las carencias, en todos los sentidos, con las que crecen las personas que no han tenido contacto físico cariñoso en los primeros meses de vida. Para muchos expertos, los primeros meses del bebé son la continuación del embarazo, por lo que los primeros meses deberían ser lo más parecido a una gestación extrauterina, recreando en la medida de lo posible las condiciones que el pequeño tenía cuando estaba en la barriguita: “Es importantísimo que el bebé sea llevado en brazos o con algún portabebés, masajeado con nuestras manos como lo hace el líquido amniótico, que escuche nuestros latidos y nuestra voz como cuando estaba dentro. El continuo contacto con el bebé por parte de la madre hace que se pongan en marcha una serie de reacciones hormonales que facilitan la tarea de la crianza”, explica la consultora de lactancia Rosa Sorribas.



Una cuenta corriente de emociones

El contacto físico con la madre no solo garantiza la supervivencia del bebé. Durante los primeros meses de vida se sientan las bases de nuestro desarrollo emocional: ¿somos confiados, tolerantes, con una buena autoestima? Parece increíble, pero muchas de estas cualidades pueden estar determinadas por la forma en que nos trataron los primeros meses de vida. “Desde la concepción hasta el primer año tras el parto, el bebé está desarrollando el cerebro primitivo, lo vegetativo, lo instintivo. Es lo que se conoce por período crítico biofísico, la etapa en la que más daño psicológico puede sufrir un ser humano. Son las bases de lo que vamos a ser toda nuestra vida. Si se gesta un apego seguro, el niño crecerá desde la seguridad y la autoestima”, explica la psicóloga infantil Laura Perales. Podemos pensar en una cuenta corriente que se abre cuando nace nuestro bebé y que tenemos que llenar con besos, abrazos y mimos. ¿A que tener las reservas de amor llenas nunca está de más?



Besos que enseñan

Cuando besamos y abrazamos a nuestros hijos no solo les estamos nutriendo emocionalmente. Si el amor es el motor que hace aprender a nuestro hijo, el contacto físico cariñoso es la gasolina que lo hace funcionar.

“El funcionamiento del cerebro durante el primer año es más rápido y extenso de lo que se conocía y el desarrollo cerebral es más sensible a factores ambientales de lo que se pensaba. La influencia del medio ambiente a temprana edad deja huellas para siempre”, cuenta Victoria Peralta en su libro, El mundo del bebé (Ediciones Novedades Educativas).

Basta con observar a un bebé jugando para comprobar que la seguridad y el apego están íntimamente relacionadas con el aprendizaje. Joan está jugando en su parque. Acaba de descubrir que puede meter los aros en una pirámide. De vez en cuando para, busca a su mamá con la mirada y sigue explorando contento cada vez que ella le devuelve la mirada con una palabra cariñosa. Sin embargo, en el momento en el que ella va a la cocina y el peque la busca con la mirada y no la encuentra, interrumpirá el juego y seguramente romperá a llorar si no la ve o escucha su voz.

“El cerebro se desarrolla en mejores condiciones cuando criamos con afecto. Cada vez que abrazamos, besamos o cogemos en brazos a nuestro bebé, se generan oxitocina y endorfinas, asociadas al placer. Además, tanto las endorfinas como la oxitocina, favorecen que se desarrollen y refuercen las conexiones neuronales en las áreas relacionadas con la inteligencia, el pensamiento y el lenguaje. Pero lo más importante es que no hacerlo incide negativamente en el desarrollo cerebral, por ejemplo con atrofia del hipocampo. Los niños que no reciben afecto tienen un cerebro un 20 ó 30 % menor que los que sí lo reciben”, añade Laura Perales.

Y no solo se cuida el aprendizaje y la salud emocional, el bienestar físico de nuestro bebé también se ve beneficiado de estar muy cerquita de nosotros. Los bebés nacen con muy poca flora bacteriana y necesitan estar en contacto con bacterias conocidas como las de papá y mamá. Con el parto vaginal y el contacto físico, especialmente si es piel con piel, se consigue que estas bacterias vayan colonizando la piel del bebé y protegiéndolo de agentes externos. Con la lactancia materna se coloniza el sistema digestivo con bacterias intestinales de la madre, adaptándolo para la digestión de alimentos externos.

Si el amor es el motor que hace aprender a nuestro hijo, el contacto físico cariñoso es la gasolina que lo hace funcionar



La mamitis del bebé no es un capricho, es una necesidad

Entonces, ¿qué pasa con los bebés “enmadrados” o que teóricamente sufren de “ mamitis”? Pues sencillamente que van a ser más confiados, independientes y felices que aquellos a los que se les han racaneado besos “para que no se acostumbren”. Cuando los niños nos piden brazos no lo hacen por capricho, falta mucho para que el pequeño pueda llegar al nivel de razonamiento que le permita manipularnos. Ellos son puro instinto, pura necesidad. Así que, ante comentarios de este tipo, podemos responder simplemente “es mi hijo, gracias”, o recordarle al consejero bienintencionado que esperamos que se acostumbre a nuestros abrazos.

¿El mejor consejo? Seguir nuestros instintos, confiar en que eso que nos pide el cuerpo, que es atraer al bebé hacia nosotros cuando llora, tenerlo cerca de día y de noche o comernos a besos esos mofletes es lo mejor para nuestro hijo. No se va a gastar ni lo vamos a malacostumbrar, así que ¡besos, besos y más besos!

Laura Perales, psicóloga infantil especialista en prevención de Crianza Autorregulada y Rosa Sorribas, Consultora de Lactancia IBCLC de Crianza Natural.



LOS BESOS CON LOS HIJOS

En los niños es fundamental las caricias, el contacto físico. Un beso es tan importante como el dedicarles tiempo y valorar las expresiones de afecto. “Así les estamos educando en la expresión de cariño y afecto hacia el otro, el dar y también recibir cariño del otro”, dice la psicopedagoga Cinthia Rivero.

Los niños que crecen en ambientes poco demostrativos también aprenden a tener poco nivel de expresión emocional; los que se desarrollan en otros entornos más expresivos, son más efusivos, necesitan mayores muestras de cariño y suelen ser también más demandantes y dadores de besos, caricias y abrazos.
“Al crecer, especialmente en la pubertad y adolescencia, amplían su mundo y por ello tienden a buscar grupos de preferencia, y eso hace que cambien en su forma de expresión de cariño o afecto hacia la familia, así como también el lugar (en casa o en público) para expresarlo”, hace notar Rivero, quien no aconseja exigir o avergonzar a los chicos con respecto a la demostración, forzada, de cariño (un beso en público).

Por otro lado, la psicóloga clínica Pilar Bernal resalta que es tremendamente importante besar a los niños pequeños, pero en la frente, en la mejilla o en las manos. “Los niños deben ser besados por sus seres queridos y deben ser respetados en su individualidad y en su privacidad. Esto quiere decir, que no debemos besar a los niños pequeños o grandes en la boca”.

Para la psicóloga clínica el beso en la boca siempre estará condicionado con un beso de placer, de pasión y no así los besos en la frente, las mejillas o las manos; “que tienen una connotación de respeto, amor, paciencia, tranquilidad y que también van acompañados de un cuidado de la salud física hacia nuestros pequeños por los altos niveles de bacterias que puede tener el ser humano mayor frente a un niño”.

(El deber)



Los amamos sin duda alguna y hay que demostrar el amor a los hijos, con caricias, abrazos, besos, miradas. Algo tan sencillo como decirles que los queremos o que nos gustan sus ojos, sus besos... refuerza la autoestima de los pequeños.



Los besos, abrazos, los ‘apapachos’ jamás están de más. Como La psicóloga clínica Pilar BernaL: “Siempre serán generadores de energía positiva y jamás debemos dejar de darlos”.


martes, 1 de agosto de 2017

Violencia obstétrica: Un tipo de violencia silenciosa

POCAS VECES SE PIENSA EN LA GESTACIÓN, PARTO Y POST PARTO COMO UNA SITUACIÓN TRAUMÁTICA Y DE VIOLACIÓN DE DERECHOS | SIN EMBARGO, ES EN ESTOS ESPACIOS DONDE SE ENCUENTRAN LAS VÍCTIMAS MÁS AISLADAS e IGNORADAS DE LA SOCIEDAD.

El hacinamiento y el alto número de partos en hospitales públicos es causa de que mujeres en estado de gestación y neonatos sufran de violencia obstétrica a través de una serie de intervenciones rutinarias innecesarias y dañinas por parte del personal médico, paramédico y de apoyo. Todos los días nacen niños y niñas pero poco se sabe sobre la violencia que se ejerce en las salas de parto. El tema de incremento de nacimientos a diario, la falta de camas y el reducido personal en los hospitales públicos, han sido las causas para olvidar el parto respetado, ejerciendo de este modo violencia obstétrica. Hoy en día se altera el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración e inducción del parto, como la oxitocina intravenosa y el suero; muchas veces sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.

El nacimiento marca de manera tajante la salud física, mental y la vida en general de las personas. Por esta razón, la manera en que un ser humano llega a este mundo es de vital importancia para él, sus progenitores y para la sociedad en la que nace.

La OMS define a la violencia obstétrica como, “la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres". En septiembre de 2014 se publicó una declaración en la que se denunciaba el maltrato y la falta de respeto en la atención al momento de dar a luz, promoviendo de esta manera la formación de políticas de control de calidad en los centros de salud y la implicación de todos los intervinientes, incluidas las mujeres, a quienes se exhorta a denunciar las malas praxis y a reclamar un trato digno y respetuoso hacia sí mismas y sus criaturas.

Los factores influyentes en el nivel de concientización, cuestionamiento, modificación y mejoramiento de algunas prácticas antiguas y repetidas mecánicamente son: la naturalización de las prácticas rutinarias médicas y las características machistas o protocolo de las intervenciones que históricamente se han dado en el sistema de salud y el desconocimiento y la falta de información de las pacientes.

El miedo cultural es un factor importante. Se cree que gestar es un período de “vulnerabilidad”, como si todas las enfermedades y riesgos estuvieran al acecho. Algunas mujeres se asustan de solo pensar en las contracciones.

Lo sagrado que significa materializar el espíritu de un ser al parirlo, hoy en día se programa como si fuera una cita al dentista.

“Nos han hecho creer que no somos capaces de parir a nuestros propios hijos e hijas, nos tratan como objetos y han convertido este acto, en un negocio lucrativo para las clínicas y hospitales”, asegura Pabla Pérez, autora del libro “Manual Introductorio a la Ginecología Natural”. El nacimiento común en estas instituciones es un suceso frío, despersonalizado y excesivamente intervenido por diferentes manos, generándose en casi el 90 por ciento de los casos el primer trauma, que es el de nacer bajo violencia obstétrica. Todo es muy raudo, frívolo y agresivo. Pocos profesionales de salud aseguran el apego inmediato de la madre y su bebé, así como la estimulación de la lactancia materna temprana. Para el sistema médico es un número más que se suma a su larga lista de atención.

La situación es compleja. Querer cambiar estas prácticas costará años y años de un duro trabajo, si bien existen leyes que respaldan a la mujer (como la 348, la 475, y derechos universales; derecho a la salud y derechos sexuales y reproductivos), existen obstáculos que siempre van a ser justificados.

Se trata de educar, informar, y otorgar las herramientas necesarias para incentivar a nuestras mujeres a que se empoderen y de esta manera exigir y hacer valer sus derechos. Basta con cuestionarnos si somos objetos de estudio o seres humanos con dignidad.



El Estado y los gobiernos departamentales son responsables de garantizar el derecho a la salud, la cual es la disciplina encargada de la protección de la salud a nivel poblacional. El tema de la violencia obstétrica debe ser agenda de la salud pública.



El proceso de la gestación y el parto son momentos en que las mujeres están vulnerables a distintos tipos de vejaciones relacionadas con su salud reproductiva. Es una problemática vieja, pero nueva; actualmente ya se habla del tema pero sigue ocurriendo en muchos lugares y no todas las mujeres entienden bien a qué se refiere el término.

FORMAS DE VIOLENCIA OBSTÉTRICA:

Acciones directas contra la mujer

• Ser obligada a estar inmovilizada durante la labor y el parto, impidiendo hacer otras posturas.

• Ser amarrada y/o inmovilizada contra su voluntad.

• Ser obligada a callar.

• Agresiones verbales de carácter sexual (chistes y comentarios sexuales, referencias negativas a la sexualidad de la mujer).

• Impedir la presencia de un acompañante (esposo, madre).

• No detenerse cuando se realizan procedimientos dolorosos, innecesarios o violentos a pesar de solicitarlo (por ejemplo tactos excesivos o muy dolorosos, ruptura de membranas).

• Ser separada del bebé por demasiado tiempo sin explicaciones.

• Ser humillada por parte del personal médico y/o enfermeras durante tu embarazo cuando se exige información y opciones.



En cuanto a medicación



• Aplicación anestesia epidural u otros procedimientos sin consentimiento.

• Aplicación de intervenciones innecesarias en contra de la voluntad (enemas, rasurado).

• Realización de episiotomía innecesaria sin informar los riesgos del procedimiento.

• Interferir con la lactancia materna, no brindando información ni acompañamiento.

• Ser víctima de esterilización sin consentir el procedimiento o sin ser informada.



En cuanto al personal médico



• Violencia verbal por parte del personal médico y/o enfermeras.

• Staff médico actúa como si la parturienta no estuviera presente, ignorando incluso sus preguntas y peticiones.

• Presencia de múltiples extraños sin consentimiento durante la labor y/o parto.

• Filmar, tomar fotos u otros registros audiovisuales sin consentimiento de la mujer.

• Inducción de parto y otras intervenciones sin consentimiento y sin informar riesgos y opciones.

• Realización de cesáreas innecesarias en contra de la voluntad y/o sin informar riesgos y opciones.

• Negar el acceso a la historia clínica.

• Utilizar a la madre sin su consentimiento, como instrumento para la enseñanza a estudiantes de medicina de procedimientos dolorosos, riesgosos (para ella y el bebé) y/o innecesarios.

lunes, 31 de julio de 2017

Revalorar el parto natural y poner a la mujer en el centro



Paula Cuéllar no se acostó en la cama del hospital, prefirió sentarse sobre la pelota de gimnasio que la hacía sentir más cómoda y relajada. Cuando llegaban las contracciones, se quedaba sentada en posición vertical y cuando pasaban descansaba apoyando la cabeza en los pies de la cama, pero siempre sentada sobre la esfera de goma. Su esposo, Julio, estuvo a su lado y también la doula Vanessa Sykes (persona que acompaña a la futura mamá, da masajes y enseña a respirar).

Era su tercer alumbramiento, el primero fue por cesárea y los otros dos por parto vaginal o natural. Todas las mujeres de su familia trajeron a sus descendientes de esa forma, incluso sus tías asistieron como parteras a muchas vecinas en sus casas. Pero la primera vez, Paula autorizó una cesárea porque no sabía qué esperar. “No había una razón médica que obligue a hacer una cesárea, pero me topé con un sistema de salud y con médicos que no quieren esperar, que nos inducen y por último me llenaron de miedo”.

Su segundo parto (que ya fue natural) duró 12 horas de trabajo y el tercero ocho. “La industria nos vende el parto de las películas en el que la mujer está gritando y creemos que vamos a estar así 12 o 24 horas. Yo pasé dos días con contracciones, primero cada hora o cada dos y en el segundo día las contracciones ya fueron regulares y me fui a la clínica”. Reconoce que es doloroso, pero soportable, y asegura que influye mucho el tener en la cabeza que el cuerpo sabe qué hacer.
Por último, comparando el parto por cesárea y el natural considera que la recuperación es diferente y la conexión con los hijos también.

Una mirada diferente
La ginecóloga obstetra Amparo Hayes, con 17 años de ejercicio, aprendió a ver el parto con otros ojos en España, pero cuando retornó al país, solo asistió un alumbramiento natural. Ella quiere promover que los médicos y enfermeras adopten la práctica del parto natural, aunque esto signifique reaprender.
“Es la mujer la que tiene que pedir un parto y la que debe tomar su cuerpo como prioridad”. Hayes se enfoca en partos humanizados, y no es que sus colegas sean máquinas, sino que pone el acento en las mujeres y que estas reciban una atención respetuosa con su fisiología, deseos y necesidades. Ella habla de partos no medicalizados, respetando los tiempos de la paciente (lo que sea que tarde en dilatar).
“Perseguimos un nacimiento sin violencia como base de una sociedad sin violencia. Si tú vas a un parto donde te gritan, te dejan sola, no responden tus dudas, va a ser un parto violento que vas a asociar con dolor, tristeza y soledad que deja un trauma”, subraya Hayes.
Ella cree que sí se pueden cambiar las cosas y aunque muchos digan que su idea es una locura y que promoviendo partos naturales los hará morir de hambre (a los médicos), se han empezado a abrir caminos. Para empezar hay profesionales que dan clases prenatales, han aparecido doulas de acompañamiento a las embarazadas y una clínica -la Foianini- ha abrazado su proyecto y acondicionado habitaciones.

Hace unos días atendió a una mamá primeriza de 26 años que estuvo cuatro horas en trabajo de parto. “Estamos hablando de una mujer con dolores intensos sin medicación (calmantes), sin ningún corte en la vagina -como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud-, que manejó toda esa situación simplemente controlando la respiración, hasta que dilató 10 centímetros”. No es ficción, y es que hay técnicas, como masajear con aceites a la madre o sentarla sobre la cama con las rodillas dobladas (o en la posición que se sienta más aliviada), con el esposo al lado.

“El bebé viene al mundo en una situación menos traumática, incluso la luz (tenue) hace que se liberen sustancias químicas que propician la relajación y que hacen que el trabajo de parto sea más corto”. Además, detalla que las piezas de la clínica en la que ella trabaja son iguales a las otras, pero cuentan con una cama especial de parto, colchoneta (por si la madre quiere estar en el piso), pelotas, un banco pequeño, cuna y aspirador para el bebé.

“A las cuatro horas de haber dado a luz, la madre estaba como si nada. Incluso se vistió y salió a saludar a su familia que aguardaba fuera de la pieza y al día siguiente fue dada de alta”. La ginecóloga identifica que una de las principales barreras es el miedo al dolor.
Incluso la especialista apoya el trabajo de las parteras. “Ellas atienden el proceso sin medicalización, yo intervengo si hay alguna complicación, como que el bebé venga en mala posición, por ejemplo. El médico no puede estar las 12 horas de trabajo de parto junto a la paciente, pero sí la partera, y cuando ya hay una dilatación de ocho centímetros recién se llama al doctor”.

Miedo al dolor
La clave es estar informada. “Hay veces que la paciente sale del consultorio convencida de que quiere parto natural, pero lo primero que le dice la familia o las amigas es: ¡Estás loca, te vas a morir!; y la convencen de que no tiene la capacidad para ello, cuando toda madre tiene la opción de decidir”, dice Hayes.

Para Adriana Vergara, educadora prenatal y sicóloga posparto, es fundamental el manejo del dolor. “La paciente tiene que saber qué está pasando con su cuerpo para que no se asuste. En la medida en que la mamá esté tranquila, el dolor ya no es un problema, lo que hace difícil manejar el dolor es el miedo. Entonces es importante que tenga las herramientas para que pueda vivirlo con serenidad y tenga una experiencia de parto buena”.

Educación prenatal
Vergara es colombiana y está hace cuatro años ejerciendo en Bolivia. Confiesa que al principio fue complicado porque había muy poca cultura de prepararse para el parto. “Hasta ahora cuesta que haya más doctores a los que les guste el parto vaginal, pero cada vez más gente lo está conociendo y optando por él. Lo ideal para acudir a las clases prenatales es a partir del cuarto o quinto mes de gestación”.

La página de Facebook de Vergara se llama Creando nexos y sus clases de educación prenatal duran dos sábados. En la primera se aprenden ejercicios de respiración, relajación y medidas para el manejo del dolor.
En la segunda se aprende a iniciar la lactancia (cómo hacer que el bebé agarre el pecho) y cómo mantenerla para que sea exitosa; también se aprende sobre el llanto y el sueño del bebé y sus cuidados básicos. “En nuestra cultura hay mucha información equivocada. La idea es dar a la madre herramientas para que sepa cuáles son las necesidades del bebé y pueda afrontarlo con serenidad”.

Cada módulo es de cuatro horas y cuesta Bs 1.200 por pareja. Vergara advierte de que casi todos los seguros lo reembolsan.

En cuanto a lo económico
En los hospitales públicos la cesárea es gratuita y en algunos casos, cuando la atención de la paciente se sale de los medicamentos que hay en el listado del seguro materno infantil, esta corre con el gasto. En clínicas privadas pero asequibles por sus costos puede llegar a costar entre Bs 5.000 a Bs 17.000. Mientras que en una clínica de lujo, hasta Bs 49.000.
En un parto natural, en materiales no sale más de Bs 200, si se toma en cuenta que se ocupa una sutura (en caso de un desgarre o de que se requiera hacer un corte) y la anestesia (si la paciente la requiere). “Para todo el sistema de salud es mil veces más barato un parto vaginal”, concluyó la ginecóloga Hayes.

Lo que dice la OMS
Se recomienda que la tasa ideal de cesárea debe oscilar entre el 10% y el 15%. Los números oficiales del Sedes reportan que este año, de enero a junio en todo el departamento se atendieron 16.831 cesáreas y 17.271 partos naturales. La doctora Beatriz Durán, directora de la maternidad Percy Boland, lanzó la siguiente cifra de memoria: dijo que el año pasado en su institución se atendieron como 7.000 partos, el 60% fue cesárea.
El documento de la OMS desaconseja la cesárea y solo la justifica cuando es para prevenir la morbimortalidad de madre e hijo

sábado, 29 de julio de 2017

Amamantar reduce el dolor de la cesárea



Una nueva investigación revela que amamantar durante un largo periodo podría ayudar a las mujeres a reducir el dolor crónico tras una cesárea. Así lo sugiere un estudio realizado por científicos españoles que dieron seguimiento a 185 mujeres a las que se les practicó una cesárea.

De acuerdo con los datos obtenidos, casi una cuarta parte (23%) de las que dieron el seno durante dos meses o menos seguían teniendo un dolor crónico por cuatro meses en el área de la cirugía.

Al contrario, apenas el 8% de las que dieron el seno durante dos meses o más reportaron dolor crónico.

Al respeto, los investigadores dirigidos por Carmen Alicia Vargas Berenjeno, médica del hospital Universitario Virgen del Valme, en Sevilla, escribieron que “estos resultados sugieren que dar de lactar durante más de dos meses protege del dolor crónico tras una cesárea, y que el riesgo de dolor crónico se triplica si la lactancia solamente se mantiene dos meses o menos”.

El equipo de expertos también planteó otras razones, válidas tras los resultados de la investigación, para “animar a las mujeres a dar el seno”. Con base en los datos obtenidos, los investigadores dijeron que las mujeres con una educación universitaria eran menos propensas a tener un dolor crónico que las que contaban con un nivel educativo bajo.

Asimismo, el 54% de las madres lactantes reportaron que sufrían ansiedad. Cabe destacar que aunque este estudio no se diseñó para probar relaciones causales, los investigadores dijeron que es posible que la ansiedad durante la lactancia pudiera influir en las probabilidades de sufrir un dolor crónico. Actualmente están profundizando en esta conexión.

El estudio fue presentado en el Congreso Euroanaesthesia, en Ginebra, Suiza. No obstante, los hallazgos se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista aprobada por profesionales.

En Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, las cesáreas conforman una cuarta parte de los partos, y según apuntaron los investigadores, el dolor crónico (que dura más de tres meses) tras una cesárea afecta a más o menos una de cada cinco nuevas madres.

miércoles, 19 de julio de 2017

Los 3.000 días clave



Pocas veces los padres de familia han debido escuchar sobre el umbral de los primeros 3.000 días en la vida de todo infante... En realidad es un hito establecido en los informes de la UNICEF que marca el prólogo de la neuroplasticidad del niño; dicho de otra forma, es el periodo clave en el que se debe detectar cualquier riesgo psiconeurosensorial —algún tipo de retraso— en los pequeños.

Estos retrasos en el desarrollo del niño pueden manifestarse en funciones motoras como dificultad al sentarse, gatear, ponerse de pie, manipular objetos, manejarse de manera independiente, la adquisición de lenguaje, la interacción con los padres o involucrarse en los juegos. Cualquiera de estas señales podría constituirse en un serio indicador para determinar, durante los primeros años de vida, el grado de desarrollo del sistema nervioso.

Los niños pueden presentar desde un simple retraso subsanable hasta algún tipo de daño cerebral, como ser: disfunción cerebral mínima, parálisis cerebral, autismo, entre otros, que pareciera que no necesitan tratamiento pero que se van agravando cuando los afectados tardan en caminar o en desarrollar el lenguaje.

El desarrollo cognitivo final debería alcanzar su máximo en esos 3.000 días; sin embargo, los padres no siempre se dan cuenta y quieren intervenir cuando los niños están por ingresar a la escuela o tienen serias dificultades en las aulas.

La responsabilidad, no obstante, no solo involucra a los progenitores, sino también es una omisión del sistema nacional de salud, que no está preparado para detectar, prevenir o tomar acciones correctivas.

El sistema de salud

¿Por qué el sistema de salud no reacciona sobre estos casos?

A decir de la psicóloga y kinesióloga, además de doctora en Neurociencias, la chuquisaqueña Ivonne Ramírez, el sistema no ha asimilado ninguna de las experiencias que pusieron en práctica UNICEF y otros programas especializados en el país, los cuales terminaron desarrollándose al margen de las políticas públicas.

Las causas obedecen a la falta de capacitación de los profesionales y las limitantes de recursos humanos en los centros de atención en salud.

Buscando una atención ideal para el contacto con los niños, ya no solo se requiere la intervención de un médico y una enfermera, sino de todo un equipo profesional que incluya psicólogos, fonoaudiólogos, fisioterapeutas, lo que significaría una reconfiguración del equipo médico convencional, según Ramírez.

Proyecto en curso

Con un panorama claro respecto a estas debilidades, un equipo de profesionales de la Facultad de Ciencias Tecnológicas de la Salud (CITESA) de San Francisco Xavier, encabezados por la doctora Ivonne Ramírez, puso en marcha un proyecto de investigación en coordinación con el Comité Académico Doctoral del Área Social y la Universidad de Almería (España).

El “Proyecto de detección y atención temprana al riesgo del neurodesarrollo y psicosocial del menor de cinco años” logró el segundo lugar en la convocatoria a proyectos concursables, gestión 2017-2018, que promovió la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional.

Ese proyecto, que propone desnudar la situación actual a la que se enfrentan miles de niños en el país, plantear mecanismos de detección, y validar protocolos de atención, estableció alianzas estratégicas a través de convenios con el hospital Universitario, los hogares Tata San Juan de Dios y Poconas y la Guardería Universitaria en Sucre; el hospital Hernández Vera (Santa Cruz) y la Fundación Tréveris, que interviene en los municipios chuquisaqueños de Sopachuy, Azurduy, Alcalá, Villa Serrano y Padilla.

En estas instancias se desarrollarán los procesos de investigación articulados al proceso enseñanza-aprendizaje de grado y posgrado, para generar investigaciones que contribuyan a una comprensión y aporte a la transformación de esta problemática en la región.

Ramírez precisa a ECOS que la intención del proyecto es investigar y capacitar a recursos humanos en forma paralela, a fin de que los nuevos profesionales para el mercado sepan qué hacer si se encuentran con casos de deficiencias en el neurodesarrollo del niño.

“Queremos desarrollar una red de profesionales en pro de una infancia para el 2050; desarrollar una mejor cultura de cómo cuidar a futuro a los niños para no solo limitarse a la alimentación y el cambiado de pañales. El juego no es una actividad improvisada sino que debe ser de formación”, dice la destacada profesional local.

Los recursos para este proyecto se desprenden del fondo concursable ganado, cuyo financiador, la Junta de Andalucía, proporcionará 40.000 euros, en tanto que San Francisco Xavier aportará una contraparte equivalente a unos 10.000 euros en infraestructura, acondicionamiento de ambientes y la asignación de recursos humanos para este fin.

El proyecto empezó en marzo y, con el apoyo de Andalucía, terminará en marzo de 2018. Sin embargo, la Universidad garantiza su sostenibilidad con la contratación de recursos humanos propios de la Facultad, equipamiento e infraestructura.

La oficina del “Proyecto de detección y atención temprana al riesgo del neurodesarrollo y psicosocial del menor de cinco años” funciona en el segundo patio de la Facultad de CITESA, ubicada en la calle San Alberto esquina Bolívar, de la ciudad de Sucre. Allí se hacen las evaluaciones a menores de edad. •

jueves, 13 de julio de 2017

Laura Luciana Miranda S.

María Bertha Sánchez Berzaín reunió a familia y amigas cercanas de su hija Laura Sologuren de Miranda en un lindo baby shower, por el próximo nacimiento de su segundo bebé, esta vez mujercita, Laura Luciana Miranda Sologuren.

Las invitadas pasaron una tarde amena de buenos deseos para la bebé.